Crónicas de la conquista de Canarias

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Esta edición de la crónica permite acercar al lector a través de una lectura fluida, a uno de los hechos más significativos de la historia de Canarias a costa de un drama, la conquista, que supuso para los canarios renunciar a sus hábitos y costumbres

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Esta edición de la crónica tiene la virtud de que permite acercar al lector a través de una lectura fluida, a uno de los hechos más significativos de la historia de Canarias, el momento en que se produce el tránsito de una sociedad indígena a una europea, a costa de un drama, la conquista, que supuso para los canarios renunciar a sus hábitos y costumbres.

El autor, Carlos Álvarez, es una persona avezada en tareas literarias, conocedor además de períodos históricos cercanos a la conquista, pues no en vano es autor de dos novelas, La pluma del arcángel, y La Señora. Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro.

El resultado: una lectura asequible que se puede seguir con atención, sin necesidad de averiguar palabras ya en desuso en nuestra lengua, y por lo tanto más comprensible.

El objetivo: conseguir, que el conocimiento del relato de lo que contiene la crónica llegue a un público más amplio, ávido, en muchos casos de conocimiento, pero que la lectura árida y reiterativa, e incluso en ocasiones pesada, de los textos de las crónicas originales hacía desistir.

 

RESEÑAS

DE LA CONQUISTA DE CANARIAS

Artículo Javier Doreste Crónica de la conquista de Canarias

Sólo soy un simple lector. Ni historiador, ni polígrafo, ni erudito. No quiero ocupar espacios que corresponden a otros, ni puedo asaltar los cielos de la historiografía… me voy a limitar a considerar algunos motivos por los que deben leer, e incluso comprar, La crónica de la conquista de Canarias (lacunense), reescrita por Carlos Álvarez a partir de la transcripción paleográficas de Buenaventura Bonnet y Elías Serra Ràfols.

Decía Laín Entralgo que el acto de leer tiene tres facetas que se presentan en diversos momentos de la lectura misma, sea cuál sea lo leído. A veces, una sola de ellas predomina sobre las otras o las tres avanzan de la mano, se mezclan y confunden otras, pero siempre están ahí, en mayor o menor medida. Laín las definía como la lectura diversiva, la convivencial y la perfectiva. Dado que lo bueno debe ser por definición breve, me limitaré a pincelar una visión diversiva de la obra de Carlos.

Por diversiva debemos entender aquella que nos divierte, no sólo como entretenimiento sino como la que nos saca de nuestro mundo y nos lleva a otro, apartándonos, aunque sea un momento de nuestra realidad. No podemos llamarla evasiva, porque no siempre nos evade. No toda lectura diversiva es divertida ni evasiva. Esta lectura se define como la que intenta sacarnos de lo habitual y vivir episódicamente lo imprevisto y lo incitante. E imprevistos e incitantes son los hechos descritos en “La Crónica de la conquista…”.

Piensen un momento en la época en la que acontecen los hechos narrados. Estamos el principio del renacimiento, al fin del a edad media, a caballo entre dos mundos. La falsa oscuridad de los tiempos del gótico y la nueva luz que el renacimiento va a traer. Renacer de los hombres que va desde la ruptura de lo cotidiano hasta la posibilidad de ganar honra y hacienda por medio del esfuerzo de las armas. Tal mueve los corazones y mentes de los que embarcan para las islas. La idea de llevar la cristiandad podemos tomarla como mero pretexto justificativo de una tradición de glorificación de la rapiña armada. Esta idea de que algunos hombres pueden hacerse a sí mismos será la que lleven por divisa los que más tarde asaltarán América. Idea contraria en todo al espíritu medieval. En este, sólo era posible para determinados hombres, los caballeros. Los que llegan a Canarias, sean pecheros o no, ganarán fortuna, cuando no fama. Y este espíritu renacentista nos lo hace vivir el cronista lacunense gracias a la cuidada prosa de Carlos Álvarez.

Pero estas Crónicas no sólo nos divierten del momento actual. También nos transmutan, condición de la obra literaria, ya sea en esos fieros conquistadores o en los valientes canarios que resisten la invasión. Y gracias al depurado estilo de Álvarez conseguimos un hálito de indignación cuando leemos como acuerdan los conquistadores talar los campos de los canarios para reducirlos por hambre. Bárbara política aplicada en la antigüedad por los romanos contra los esclavos rebelados del sur de Italia (desde entonces esa zona quedó entre las más pobres de Europa) y que ha seguido aplicándose en nuestros tiempos por los poderosos contra los débiles rebeldes. Baste recordar el envenenamiento de los arrozales en Vietnam por los yanquis o los cortes de riego que los israelíes practican contra los agricultores palestinos.

Pues cuando leemos no sólo dialogamos con el autor primigenio, sino que también lo hacemos con nosotros mismos como lectores, cargados con toda la historia que el hombre ha ido haciendo. No leemos neutros, limpios, leemos con toda la carga de nuestras lecturas, de nuestra historia de lectores. Una frase nos lleva a otro libro, una palabra a otra historia. Esas historias que perviven agazapas en la memoria, esperando la palabra de nieve que sepa arrancarlas del olvido.

Carlos ha conseguido depurar el castellano antiguo de forma tan impoluta que cuando avanzamos en su obra, encontramos mil y un pies para recordar nuestra propia memoria. Esa transmutación con los protagonistas del pasado y con las lecturas durmientes no es fácil de conseguir. Muchas obras caen de nuestras manos porque los personajes y sus hechos son tan planamente escritos (sean verosímiles o no) que hacen imposible que los asumamos. Asumir el punto de vista del otro es el quid de esa transmutación. Cuando un escritor nos hace verosímil al otro, estemos o no de acuerdo con él, nos caiga simpático o no, estamos ante un auténtico escritor.

Pero no sólo nos transmutamos en los personajes. También convivimos con ellos, con el hambre de los españoles en su enclave (aquí al lado), con las intrigas y crueldades que en ellos mismos practican, con los hechos de armas de uno y otro bando. Y esta convivencia, que no tiene que ser ni antipática ni simpática, es la que nos permite asimilar con rapidez no solo los hechos sino el mismo espíritu que recorre el libro: la oposición, el encontronazo entre dos formas de ver la vida. Ojo con esto, no son dos formas tan diferentes. La canaria también es presentada como una sociedad de clases, en la que existen los de arriba y los de abajo, no caigamos en la pastoril visión de un pasado canario idílico y sin conflictos. Son estas contradicciones de la propia sociedad canaria las que terminarán facilitando la victoria final de los españoles, o mejor, la quiebra de la sociedad de los antiguos canarios y el paso de Fernando Guanarteme. De este paso se nos da, casi sin quererlo, por parte del cronista, una doble explicación: por un lado se trata del convencimiento de la derrota final ante las armas y el continuo fortalecimiento de los españoles (ha visto cuantos son y lo que hacen en su viaje a la península) y por otra parte de la necesidad de establecer para los suyos, los más cercanos, garantías de supervivencia suficientes en el futuro. De ahí la constitución del señorío de Guayedra. De ahí su intervención para conseguir la rendición de unos y su participación en la conquista de otras islas. Entendemos así lo que pasó con el Guanarteme, o mejor, lo que pasó por su cerebro, cuando dio el paso que lo convertiría en un traidor para unos y en un héroe con visión de futuro para otros. Conseguir que lo entendamos, convivir con esa figura, lo que hoy se llama empatía, asumir la otredad, pongan ustedes lo que quieren, no es el propósito del cronista original. Este lacunense (llamémosle así) no tiene otro objetivo que el de contar y justificar los hechos de armas de los españoles. Ser capaz de leer entre líneas, y poner negro sobre blanco cómo si de un palimpsesto se tratará, es tarea del editor moderno.

Y Carlos Álvarez lo consigue en cada una de las páginas de sus Crónicas. Nos hace verosímil desde la espantosa muerte de Doramas hasta el suicido de los últimos irredentos. O la muerte de Pedro de Algaba y tantos otros crímenes y traiciones al honor que se cometen en nombre de los Reyes. Unas veces entre los propios españoles y las más contra los aborígenes. Téngase en cuenta que la historia descrita lo está desde el punto de vista de los vencedores. Podríamos decir que además de una relación es una justificación a posteriori de los hechos. Conseguir superar esa barrera, sin dejarla de lado, antes bien, poniéndola siempre ante nuestros ojos, ha sido el mérito del re escribidor Álvarez. Y cuando doblamos la última página no entendemos como estos extraordinarios hechos no han merecido la pluma de un Scott o un Stevenson. Cierto es que ya tenemos la Beatriz de Bobadilla de Carlos, pero ese fracasado viaje a Lanzarote por bastimentos, la muerte de Algaba, la prisión de Vera, la muerte de Doramas, el apresamiento del Guanarteme, dan para mucho más de lo que pensamos.

Dejarnos con esa nostalgia de lo leído y con hambre de lo por leer, es seña de buen escritor. Y él de hoy lo ha vuelto a conseguir.

 

LA CRÓNICA DE LA CONQUISTA DE CANARIAS, ENTRETENIDA COMO UNA NOVELA

María Luis Iglesias

Esta Crónica de la conquista de Canarias está reescrita a partir de las transcripción paleográfica de Buenaventura Bonnet y Elías Serra de la crónica Lacunense -antiguo texto castellano transcrito fielmente, difícil de leer, con un vocabulario diferente al actual- que se encuentra depositada en la biblioteca de la Universidad de La Laguna. Este libro tiene sus antecedentes en la edición digital que se realizó en abril de este año y que estaba compuesta por las crónicas Ovetense, Lacunense y Matritense. Ahora ve la luz en papel la crónica Lacunense y su difusión será muy sugestiva, pues a partir de ella se podrá profundizar en lo que fue la conquista de las islas, tanto las de señorío como las de realengo.

Crónica de la conquista de Canaria tiene casi 120 páginas con una nota del autor, una introducción a cargo del profesor Manuel Lobo y 22 capítulos que solo mantienen el castellano antiguo en el título y sumario de cada uno de ellos. Es una obra de divulgación científica que pretende llegar a todos los lectores en general e incluso se podría decir que es de bolsillo, pues sus dimensiones permiten llevarlo con facilidad.

Utiliza un lenguaje asequible, muy comprensible, mucho más que el de la crónica escrita en el siglo XVII y eso ayuda a entender el texto que describe los acontecimientos que sucedieron en las islas en el siglo XV, en el periodo que dura la conquista, llegando a enganchar su lectura y conocer cómo se desarrolla la trama. A lo largo de la crónica se descubre cómo eran las islas y cómo vivían sus habitantes, los indígenas, cómo fueron cristianizados paulatinamente e instruidos en la fe católica, pues esa era la finalidad de los conquistadores que junto con el papado acordaban cómo había que convertirlos y dejar de ser paganos. Jean de Bethencourt da cuenta de cómo había conquistado cuatro islas al rey don Juan II de Castilla y dice: “[…] Que le quedaban tres islas por conquistar, Canaria, Tenerife y la isla de La Palma y que daba por bien empleados sus trabajos y muchas pesadumbres que había tenido, a cambio de haber ganado tantas almas como quedaban ya cristianos bautizados […]”.

Conocemos por las descripciones como era la población canaria, qué costumbres, usos y tradiciones tenían; sus vestidos, el aspecto que les distinguía si eran nobles o villanos; la división de las islas, la administración de justicia, cómo se produce el traspaso de las islas a otros señores. El siguiente texto nos describe un rato de ocio: “[…] Tenían los Guanartemes casa de recreación y pasatiempos donde se juntaban hombres y mujeres a cantar y bailar; y acabados sus cantos y bailes, ordenaban sus banquetes y comidas con mucha carne asada y cocida aunque usaban más el asado, y algunas veces la freían en cazuelas con manteca, a este guisado lo llamaban camarona. Además de esto comían mucho gofio que hacían de harina de cebada tostada y lo amasaban con leche o con caldo de olla; otros lo amasaban con agua y sal […] y este era el pan cotidiano. Sus frutas eran higos, que tenían en abundancia; los pasaban al sol, los ensartaban en cuerdas de juncos y los hacían en pellas y los guardaban todo el año […]”.

El capítulo 15 relata como Juan Rejón es apresado por el gobernador Pedro de Vera porque degolló a Pedro de Algaba y en él se aprecia como podría ser su casa una vez hecho el inventario de sus pertenencias para subastarlas aparte de lo que tenía como caballero: “[…]dos arcas con ropa de lienzo y de vestir, dos jarros de plata y dos tazas, dos cubiletes, un salero, una docena de cucharas, dos paños de corte, dos reposteros, dos bufetes, una docena de sillas y otras menudencias de casa […] y una cama en la que dormía […]”. Esta descripción rica en detalles de esas pertenencias difiere de lo que poseían los canarios, que solo recoge que usaban “cazuelas” y sus vestidos eran “[…]tamarcos hechos de cuero sobado[…]”.

Se nota que el autor debió de disfrutar mucho en todo el proceso del trabajo, de comienzo a fin, pues tuvo que documentarse para llevar a buen término la publicación que hoy se muestra. Mientras se lee el texto se desgranan poco a poco todos los avatares por los que pasaron tanto los aborígenes como los conquistadores e incluso entre ellos mismos, todos los éxitos y fracasos, las deslealtades y traiciones, las cabalgadas y presos, las muertes, la falta de provisiones…

La crónica comete algún error con respecto a alguna fecha y que en esta edición está subsanada por Morales Padrón, así recoge la fecha de 1463 como el año en que llegó Juan Rejón a Canaria cuando realmente fue en 1478 o palabras mal escritas o que falta alguna, no siempre el escribano lo hacía correctamente y se ve en las anotaciones que han hecho los transcriptores en cada una de las crónicas y se comprenden fácilmente.

Es una crónica escrita desde el punto de vista de los conquistadores, habla de “los nuestros”, bien de sus victorias o derrotas de ambos bandos, es una visión de los vencedores y no de los vencidos, estos no pudieron dar su palabra (en realidad como sucede en todas las crónicas de guerra). Además la diferencia de armamento es importante, mientras unos se defendían con piedras y palos tostados con agudas puntas otros disponían de caballos con sillas, corazas, mallas, escudos de diferentes tipos, cascos, espuelas o lanzas. La desventaja habla por sí sola.

Por último, hay que agradecer al autor Carlos Álvarez que haya logrado hacer entretenida esta crónica, que parezca una novela que invito a leer para conocer cómo se suceden los acontecimientos desde la conquista de la primera isla, Lanzarote, a la última, Tenerife, en un tiempo de casi 100 años pero en un espacio reducido, con el problema de que estamos en islas con cierta distancia entre ellas, aunque ahora esas distancias sean prácticamente inapreciables.

 

María Luis Iglesias, es doctora en Historia y profesora en la ULPGC

  1. Valorado en 5 de 5

    Antonio Bonny

    Magnífica adaptación de esta obra esencial para comprender un poco mejor la Historia de Canarias. Fundamental para centros educativos y personas interesadas por la Historia de las islas.

    Gracias por el esfuerzo !

  2. Valorado en 5 de 5

    fgmarquez

    Para no aumentar el dolor de los hechos narrados con el peso de las palabras viejas,
    Para aprender.

  3. Valorado en 5 de 5

    Orlando Navarro

    preciosa obra y muy amena.

  4. Valorado en 5 de 5

    Juanjo Jiménez

    Imprescindible para asentarse con fundamento en el histórico marisco del Paralelo 28.

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