La Pluma del Arcángel

3,00

La Pluma del Arcángel
Premio de Novela Benito Pérez Armas 1998

Valorado 4.50 sobre 5 basado en 4 puntuaciones de clientes
(4 valoraciones de clientes)

A principios del siglo XVI el inquisidor Fernán Ximénez llega a Canaria, rincón del Imperio donde las costumbres se han relajado bastante, dispuesto a imponer su viejo rigor toledano. Su llegada no es celebrada por casi nadie, ni por el gobernador Diego de Herrera, hombre pragmático que teme que los excesos de la Iglesia hagan de su isla un lugar inevitable. Entre ellos, el microcosmos de la primera sociedad colonizadora: el mujeriego teniente Múxica, brazo derecho del gobernador; el pescador y visionario Antón Carreño; Martín Toscano, rico comerciante y judío converso; Nemesio Quiroga, pregonero, recadero y hombre para todo del teniente Múxica; o la vieja Farfana, prostituta y hechicera.

Todas las aventuras y peripecias de estos personajes se conjugan con humor a lo largo de esta novela de aventuras, amores, intrigas, miserias y plumas de arcángel en una época en la que la superstición pugnaba con el sentido común y la represión con los impulsos vitales, en una sociedad que están construyendo entre castellanos, genoveses, aborígenes y otras gentes de distintas naciones, religiones y lenguas.

 

RESEÑAS

LA PLUMA DEL ARCÁNGEL

Luis Alberto Anaya Hernández

Basta contemplar los escaparates de cualquier librería, para constatar que la novela histórica sigue gozando de una envidiable vigencia; es más, cómo género desbanalizado por el cobijo de un saber acumulado y narrativo, sigue siendo un lugar desde el que pensar las instancias éticas del presente.

En ocasiones la temática evoca algún evento histórico con más o menos fiabilidad; en otras, se inventa una trama en un contexto concreto; baste mencionar las numerosas novelas policiacas ambientadas, y a veces de manera excelente, en Egipto, Roma, la Edad Media, o los siglos XVIII y XIX.

La novela que pretendemos comentar someramente, La pluma del Arcángel, de Carlos Álvarez, situada en Las Palmas de Gran Canaria en 1525, pertenece a la categoría del relato de ficción en la mejor tradición del género histórico. No es tarea mía analizar aspectos del estilo literario, pues como historiador me interesa más la trama y el contexto histórico donde se desarrolla. Pero sí puedo decir que está escrita en una deliberada y hermosa prosa con aroma de época, una prosa habitada por la atmósfera de este singular período en la genealogía de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En primer lugar señalaría que el argumento es coherente, ingenioso y aunque con una construcción ficcional, dotado de credibilidad. Carlos Álvarez se ha documentado a conciencia sobre este tiempo que reproduce con verosimilitud, transitando como fabulador, por las lógicas licencias de traslaciones de tiempos históricos, y es fácil reconocer en los distintos personajes a figuras reales: el inquisidor, el gobernador, la Farfana, etc.

Uno, que como historiador de esta trastienda histórica, ha leído sus cartas, sus documentos oficiales o las opiniones de los demás sobre ellos, puede por tanto, comprender determinadas aspiraciones y las razones de algunas de sus actuaciones; pero no obstante ignora muchos de sus deseos más íntimos y atavismos, y en general aquello que conforma la historia de las mentalidades. Pero cuando Carlos Álvarez los representa en su novela, emergen en toda su encarnadura social y moral. Otros personajes son enteramente imaginarios, aunque podían perfectamente ser reales, posibilitando así un tejido argumental que revela el espíritu de la época.

La novela está situada en una ciudad nueva, de no más de 50 años y de unos 2.000 habitantes. No obstante su escasa población, es una urbe relativamente cosmopolita, punto de paso de los navíos que iban hacia América, Asia, Africa, o a las mismas islas en busca de su azúcar. Su población era abigarrada y heterogénea, conviviendo castellanos, portugueses y europeos de otros países, con esclavos negros y moriscos, con aborígenes, y no faltaban incluso algunos indígenas americanos. Este contexto y su juventud, la convertían en una sociedad frontera, más libre y menos estructurada y jerarquizada que las peninsulares, donde las leyes divinas y humanas se soslayaban con bastante más facilidad que en Castilla, tal como expone el mismo Adelantado Alonso de Lugo en su juicio de residencia pocos años antes.

En este marco se desarrolla la novela con una trama despegada del rigor histórico, y que sin embargo podía haber sido real, como lo demuestran estos dos ejemplos. Así, uno de sus ejes lo constituye la aparición en la isla de parte del tesoro que Cortés enviaba a la Península desde México y que el pirata francés Jean Fleurin le arrebató. Aunque en realidad el tesoro fue llevado a Francia y lo anterior es pura invención, el historiador Germán Santana en un reciente artículo sintetiza un documento del Archivo Histórico Provincial, donde un marino holandés denuncia, en 1667, que un tesoro de 9.000 reales, que había capturado a un corsario turco y enterrado en los arenales de Gando, le había sido sustraído. Sin duda algún mago canario, pastor seguramente, tendría en poco tiempo el mejor rebaño de cabras de la isla.

Uno de los pasajes más hilarantes, lo constituye el que da título a la novela, y que transcurre en un convento de Teror, donde las monjas anuncian que el arcángel San Gabriel se les ha aparecido y hablado desde lo alto, y como prueba irrefutable de la aparición muestran alguna de sus plumas. En realidad, como luego se descubre, se trataba del primer loro que llega a la isla, traído desde América, y que efectivamente habló desde lo alto y obviamente tenía plumas. Pues bien, el historiador Francisco Fajardo publica en la revista “Disenso” un artículo basado en un documento inquisitorial, donde describe un milagro lagunero del XVII, no menos fantástico. Un esclavo morisco, al ir al gallinero a buscar huevos, encontró uno con una inscripción resaltada en la cascara que rezaba: “Ave María Purísima”. La carajera que se montó en La Laguna, con los curas celebrando procesiones, los estudiantes disparando tracas, los frailes vendiendo tablillas con la inscripción y la multitud contemplando el huevo, se vio frustrada, cuando un escribano se inculpó ante el obispo como autor de la broma que pretendía gastar a su suegro, para lo cual escribió en sebo la leyenda mariana y lo sumergió en vinagre.

En definitiva, La pluma del Arcángel, es una novela histórica canaria de calidad, recomendable desde todos los puntos de vista: literario, narrativo e histórico. Una rotunda novela histórica, genero literario que ha sido poco transitado por los escritores canarios, salvo contadas excepciones, y que merece mayor atención, dada la rica y singular tradición en la que nos inscribimos.

 

ENLACES

BLOG de WEEDJEE

La pluma del arcángel – Carlos Álvarez

EL DIARIO: CANARIAS AHORA

CANARIAS OPINA: La pluma del arcángel

BLOG de ALEXIS RAVELO

La pluma del arcángel, Ximénez contra la tolerancia

LA VOZ DE GRAN CANARIA

“No sabemos vender la riqueza de nuestra historia”

  1. Valorado en 4 de 5

    Luz María Albelo Martín

    Una novela histórica muy interesante y amena, como ya Carlos Álvarez nos tiene acostumbrados. Con la ayuda de la ficción, nos ayuda a llenar los huecos vacíos de nuestra curiosidad,ante la falta de estudios históricos.

  2. Valorado en 5 de 5

    Fernando Betancort Reyes

    A caballo entre un renacimiento tardío y un barroco incipiente discurre esta novela histórica, en la isla de un archipiélago que por un sesgo en el tiempo llegó a ser nudo gordiano del Nuevo Mundo.

  3. Valorado en 5 de 5

    Silvia Rodríguez Court

    Una magnífica novela histórica que bien merece ser releída nuevamente.

  4. Valorado en 4 de 5

    Vicenta Monge García

    Una magnífica novela histórica

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